2 de noviembre de 2016

En Roma desahucian al PCI de su sede histórica

El último local del Partido Comunista Italiano (PCI), en la ciudad eterna ha cerrado. Estaba en el corazón de Roma, en Via dei Giubbonari. Al menos en uno de los corazones, porque Roma tiene tantos corazones como colinas. Este ha dejado de latir. Una deuda de unos cuantos millares de euros y el pasotismo más absoluto de los herederos del PCI, que ahora ocupan el gobierno de Italia, ha hecho que desaparezca un espacio mítico, un fragmento de la memoria romana, italiana y también europea. El PCI era el mayor y más poderoso partido comunista de Europa.Desde los muros del local, los ojos de Enrico Berlinguer (foto) te persiguen como los de La Gioconda en el Louvre. Berlinguer... el mítico Secretario General del PCI. Su corazón dejó de latir en un mitin. Su corazón se detuvo pero él no. Él quiso continuar hasta el final. Los buenos hombres de la vieja política. Berlinguer, el comunista que empezó a enterrar el comunismo. Fumaba como una chimenea y acompañaba a su mujer a misa diaria. Él esperaba fuera. Fumando.Aldo Moro también ocupa un buen espacio de pared. El primer ministro democristiano asesinado por las Brigate Rosse. Adversario acérrimo del PCI en un tiempo en que a los adversarios se los respetaba. Otros tiempos. Tiempos de compromesso storico. El cuerpo de Moro apareció en el maletero de un Renault 4, casi en posición fetal, con las piernas medio dobladas. Un cadáver elegante, porque Aldo Moro era elegante incluso muerto. Otro de los cadaveri eccellenti de la época. Otro hombre bueno de la vieja política. Hay días que añoramos a los muertos, hay días que añoramos el pasado y hay días que añoramos los siglos. El viejo y cutre siglo XX con sus certezas, sus horrores y sus grandezas. La vieja política del buenos hombres y de algunas mujeres. Es una añoranza quizás absurda, quizás poco razonada. Critícala, estás en tu derecho. El siglo XX fue el siglo de la muerte industrial, cierto, y no es bueno contemplar la historia à la Manrique y menos aún dejarse llevar por una melancolía peligrosa. No cualquier tiempo pasado fue mejor. Pero qué quieres que te diga. Era un tiempo en que sabíamos quiénes éramos.LEER MÁS:Roma desahucia al PCI de su sede histórica

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